viernes, 12 de diciembre de 2008

Que ni el aire te toque,porque tiene sentencia de muerte el aire, si te toca.

Esta vez el tema es ifinítamente delicado. Realmente cada vez que leo la noticia creo que tengo que darle otra vuelta a la historia. Lo que creo que es verdad, es que se ha abierto la caja de los truenos y sino al tiempo. Se imaginan que a la hora de meter en "verea" a nuestros hijos hubieran unas tablas con la pena que nos caería en función de la reprimenda?(sino existen ya) Jo que choteo. Un azote en el culo 3 días de trullo. Castigar sin ver la tele, una semana de trabajos para la comunidad. Un revés, cadena perpetúa. Y que conste por encima de todo, que yo no pienso ponerle la mano encima a mi hija.

Resulta que la crueldad y sobre todo la inteligencia de niños y adolescentes es más jodidamente buena que la de políticos, fiscales y jueces, pero de calle. A veces parecen ellos los que no tienen conocimiento. Que claro, es un bien preciadisimo. Como dice mi amigo Paco Ribelino del Pizarro de mi Águilas natal, "El conocimiento es mu hermoso, pal que lo tenga". Creo que alguno de estos, no tienen el conocimiento justo para pasar el día.

Mi madre era capaz sin mucho esfuerzo, ni por su parte ni por la mía, de darme tres palizas diarias. Igual que los medicamentos. Una por la mañana, otra a la hora de la comida (y no por no comer) y otra para acostarme (así dormía con el cuerpo caliente) Digamos que era de alpargate alegre o de alpargate fácil. Bueno de alpargate y de cualquier otro tipo de arma. Era capaz de improvisar un armamento mortífero con el objeto más insospechado. Con el palo de la escoba, zapato, zapatilla, mano, cucharon de la cocina, etc. Y si hablamos de objetos arrojadizos la enumeración seria infinita.

Reconozco que todas las que me dió mi madre eran merecidas, absolutamente todas, pero hay una que le tengo especial cariño y me la regaló mi hermano. Siempre le estaré agradecido de aquello.

Me explico:

Pues sí!, que pasa! A mí de preadolescente (muy poco antes de la era de las pajas) me dieron 1000 ostias seguidas en un rato. Con dos cojones!!!

Mi infancia ha transcurrido llena de juegos relacionados con la violencia, es decir, me gustaba jugar a indios y baqueros y por supuesto matar a pistoleros y a cuatreros. Jugar a guerras de todas clases. Imaginaba que cualquier cosa era una metralleta y ale ratatatatata!!!!. Mis juguetes favoritos eran los geyperman, los madelman, los clicks de playmobil, los airgamboys y los montaman. Todos por supuesto envueltos en un clima guerrero. He tenido más de cuatrocientas pistolas y escopetas. Y he matado, claro que he matado, más de una vez y tres veces a mis amigos. De mentirijillas, eh? no jodamos, todo el mundo sabe que solo se puede matar una sola vez al mismo. Era experto en toda clase de guerras, guerrillas, armas y explosivos y además estratega. Osea el mejor amigo en el campo de batalla.

En estas andabamos, cuando en un segundo de distracción y con la guardia bajada, caigo prisionero en las garras del peor de mis enemigos, por aquel entonces: el cibirgón de mi hermano y su lugarteniente en aquella época.
Los muy cabrones eran bastante más mayores que yo (y lo siguen siendo hoy, que se jodan) y estaban aburridos de remate, por lo que decidieron comenzar un interrogatorio salvaje. Me torturaron. Uno de ellos me retuvo sentado en una silla inmovilizándome de pies y manos y el otro, sobre las 18:15 horas, hora zulú-tango, empezó a darme de ostias. Digo sobre las 18:15, por que las que me dieron antes de esa hora y que me negué a contar no valían. Solo valían las que yo contase. Una ostia me daban, PLÁS! y yo tenía que decir: UNA!,PLÁS! otra ostia y yo decía DOS! y así tenía que ser hasta que a mis torturadores les saliera de los "güevos", es decir hasta llegar a 1000 . Cada 100 o doscientas tortas se turnaban por que se cansaban, pobres, y yo allí seguía contando leches: 136, PLÁS! 137 PLÁS! El llanto creo que desapareció después de la primera centena de tortazos. Puede que después de las 200 bofetadas seguidas y contadas ya no sintiera dolor, debido al entumecimiento de la piel. A estas alturas ya no era un soldado, era un niño entregado a las terribles fauces de otros dos niños más gordicos.

Mis cautivadores, pobres, tenían las manos rojas, rojas como el culo de un mandril y además ya les empezaban a doler. Tubo que ser sobre las 500 "leches" que ya hastiados empezaron a darme soplamocos al unisono. Uno y otro, uno y otro. Cada uno en un lado de mi maltrecho careto. PLÍS!, 523! PLÁS! 524!, PLÍS!, 525!, PLÁS!, 526! Si me descontaba la repetían.
Como podéis imaginar todos los insultos, barbaridades, vituperios, ultrajes, tacos, reniegos, protestas, palabrotas, maldiciones, juramentos, injurias, irreverencias, groserías, execraciones, blasfemias e improperios con los que fina y educadamente me refería a ellos durante la tunda, ya se quedaron en un débil y resignado sollozo. Claro está que en el momento álgido de mis insultos, en el zenit de mi ingenio insultador, ellos lo aprovechaban para darme más caña. Jo! parecía que me apaleaban como le hacen a los pulpos para ponerlos blandos. La verdad es que recibí más palos que una estera.

Sobre las 700 galletas, yo ya les daba ánimos para que terminasen pronto. "Venga chavales que solo quedan 300" Esto lo hacía para que acabase el martirio lo antes posible. En una cosa les tengo que agradecer su ingenio. La idea de los cachetes al unisono era más rápida. Cuando paraban a descansar yo les decía que no parasen que iba a llegar mi madre y no les iba a dar tiempo acabar, por si acaso les daba por seguir otro día. Y la verdad es que me hacían caso y descansaban poco, en eso les tengo que dar las gracias.

Cuando llegaron a las 900, acordaron de darme 50 cada uno por separado. Puf! que tostón!, encima las ultimas 9 de cada uno fueron bien fuertes y las dos últimos guantazos fueron como los que le dio Glenn Ford a Rita Hayworth en Gilda. De película!

En el mismo momento que acabaron me soltaron. Yo no hice nada. Me quedé quieto y feliz. Feliz por que había terminado mi particular calvario. Me dolía hasta intentar articular palabra. La parla se me hizo imposible durante un rato grande. Pero me daba igual aquello ya había terminado.

No hubo venganza. Solo gratitud. Creo que padecí el Síndrome de Estocolmo. Y no, no soy masoquista.

Ellos por otra parte, se fueron extenuados a la habitación a petarse granos y pusieron los últimos éxitos en LP de Modern Talking o Spandau Ballet o vete tu a saber que otra mariconada.

Saben que? Nunca les he guardado rencor a ninguno por aquello. Y mucho menos a mi madre. Hoy en día ya no juego a la guerra, pero las pelis que más me gustan siguen siendo en las que hay tetas y tiros, por este orden. Claro está que lo de las tetas ya vino con la era de las pajas. (por cierto, que mal a la vista me hace ver la palabra "madre" y "pajas" en el mismo parágrafo. Acs!!!)

Con esto quiero decir, que no soy una persona violenta. Es más, los que me propinaron las tundas son menos violentos que yo. Quien me conoce sabe que no he tenido problemas nunca con temas violentos y mucho menos de maltrato. Soy incapaz de hacer daño a nadie o que por omisión de acción, permita que le hagan daño a un conocido o desconocido. Me llena de tristeza y de rabia cuando oigo hablar de los malos tratos a niños o de la violencia de genero o de la gente que abusa físicamente de otras personas. Además pienso que con esta reflexión no he descubierto la pólvora, ni mucho menos. Seguro que hay mucha gente que se ha criado con una forma de vida parecida a la mía y no es violenta. No defiendo a los que dan palizas. Ni mucho menos. Que los juzguen y les caiga el mayor peso posible de la ley. Ahora bien, que se mande a la cárcel a una madre por dar una bofetada a su hijo...Creo que hay algo que no funciona correctamente. O bien la información que nos dan no es completa o nos estamos volviendo locos.

Es posible que los psiquiatras, psicólogos, pedagogos y demás entendidos estén en lo cierto a la hora de decir que los juegos y la televisión hacen que los niños sean violentos y que por consiguiente cuando sean mayores tenderán a inclinarse por esta actitud. Yo discrepo enérgicamente. A mi hermano y a mi nos educaron nuestros padres al margen de los juegos y juguetes que usábamos y que ellos mismos nos compraban. Y además de vez en cuando, pillábamos algún pescozón, pero lo que más recibimos fueron unos valores, un cariño y una actitud para la vida, que consiguió hacer de nosotros personas normales, con nuestros defectos y nuestras virtudes. Pero no matones ni maltratadores. Y mis padres no eran psiquiatras, psicólogos, pedagogos y demás listillos de cátedra.

Yo no se mucho de muchas cosas, pero creo que ha alguien habría que darle un buen par de ostias.

4 comentarios:

A. Sánchez dijo...

Primo, eres violentamente gracioso, así que no vuelvas a decir que no eres maltratador, pues le das unas palizas a mis mandíbulas, que se parten de risa...

Y tienes más razón que un santo, y no lo eres, conste. Un pescozón a un niño, no puede significar 1 año de alejamiento y dos meses de cárcel. Creo que esta pobre sordomuda está pagando los platos rotos de lo que pasó con la niña Alba, por cierto, se estaba juzgando en ese mismo momento, ahí sí que falló el sistema al completo, los jueces, la Generalitat, los servicios sociales y por supuesto sus padres...

Sergio Ponce. dijo...

Hola Angel!!!
Si la Justicia se tiene que basar ahora en que unos paguen por otros estamos apañaos...Para que tantos años de carrera judicial?
Acaso a ti tu madre no te "arreó" ninguna vez? (recuerdo una historia tuya que contaba mi tata Fina que te metiste en unos charcos y que ella oía desde la puerta de tu casa el chof chof de los zapatos cuando subías por la escalera) Te imaginas que hubiera ido a chirona por eso? es pa flipar.
Un abrazo.

A. Sánchez dijo...

Hombre! me acuerdo de esa historia, como que me rompió la caña de la escoba en el lomo, pues las botas de agua estaban recién compraditas y no era época de usar y tirar, como ahora. Y claro que no era ninguna maltratadora y me crió con amor y cariño, así que más cuidado cuando se le dice a una madre maltratadora y con las condenas, encima, que se les aplican...

Anónimo dijo...

Cuanta razón tienes!!!! Yo he recibido un monton de capones, zapatillazos en el culo i alguna que otra bofetada de esas que suenan, y para nada me he sentido maltratada, te diré mas, creo que grácias a esos "toques" que me dieron en su momento han hecho de mi una mejor persona. Yo nací en una familia de chicos (todos jugadores de rugby!!) y como te puedes imaginar he "pillao" por todas partes.
Vaya, que si mi niño algun dia lo necessita tambien se llevara algun cachete en ele culo. Que con tanta protección y miedo a los traumas conseguimos niños que queman a una señora en un cajero, entonces todos nos ponemos las manos en la cabeza!!!
Voy a montar la plataforma: "Una bufetada a temps...."
Un besote