sábado, 29 de noviembre de 2008

Historia de la inoportunidad de un peo.

Desde mi pubertad, mi relación con el sexo opuesto, sexualmente hablando, nunca ha sido excesiva que digamos. Más bien ha sido famélica. Vaya que me costaba más comerme un torrao que…, que… ¿bueno como a todo el mundo no? ¿O es que todo el mundo pillaba fácil menos yo? Pues sí. La media decía que todos pillaban más que yo.
La cosa es, que por falta de ganas no era ni mucho menos. Yo ponía toda mi destreza mi mepeño y mi ingenio en evitarlo pero los resultados no eran los deseados para un chico de mi condición. Ellas siempre me decían: “Como amigo si, es que no te quiero hacer daño, etc” Hacerme daño? No sería que temían pòr su integridad? Imagínense, 23 años en canal.
Así que una noche, como cualquier otra, me voy de copas con mi compadre Abel Domínguez, personaje entrañable donde los haya. Joven apuesto, de tez morena y rasgos fuertemente marcados al estilo árabe. Un poco ludópata y cleptómano y ligón. Eso sí. El muy Don Juan no dejaba títere con cabeza. Metro ochenta y cinco de pavo y noventa quilos curraos de gym que dejan sin hipo a cualquiera. Sobretodo si te da el capricho de hostiarte con él. No veas. Pero en versión guapo y medio metrosexual.
Así que de copas andábamos por Barcelona, concretamente en la Plaza Real en el ya desaparecido Café Royal, cunado entablamos conversación con dos féminas graciosamente adornadas; o sea que estaban bastante bien. Vaya que estaban buenas. Para mi compadre, no dejaba ser una relación más entre jóvenes y jovenas con un celo enfermizo. Pero para mi no. Para mi era de esos momentos en que crees tocar el cielo con las manos. De esos momentos que imaginas a la Selección Española en una fase final de un campeonato de fútbol pasando de cuartos en los penaltis contra Italia… (Coño que ese ejemplo ya no vale. Es que cuando pasó esto, estábamos muy lejos de lo que pasó este mes de Junio en Austria. Perdón) estaba, como decía, en uno de esos momentos en que no te das cuenta que es Jueves y son las 3 de la madrugada. Total que no tenía yo costumbre de estar pavoneándome con dos pavas y lo estaba pasando genial.
Mi momento era irrepetible. Mis gracias y mis bromas se correspondían con sonoras carcajadas, los bailes sin rozar la perfección y sin rozar ná de ná eran adecuados y las rondas de copas que mi compadre y yo no parábamos de obsequiar, hacían que las tordas parecía que pasaran una noche agradable. Y en verdad si que lo estaban pasando bien.
Sobre las 4 cerraron el garito y nos ofrecimos galantemente a llevarlas a casa. El camino a sus lares fue aún más divertido y en la despedida intercambiamos móviles. Joder!!!! No me lo podía creer, el trabajo de toda una vida comenzaba a dar sus frutos. Todos esos chistes estudiados hasta la última coma, midiendo la dosis justa de machismo y guarrería, esos bailes ensayados delante del espejo o con alguna vieja en alguna boda o en algún guateque de mis padres, esas poesías plagiadas de José Luis Perales (que cuando se acuerda mi hermano todavía me aostia) las poses de coger el cubata o el cigarrillo a lo Bogart, todo; Toda esa licenciatura que te enseña la vida por fin daba resultados. Había no una, si no dos tías que tenían mi móvil!!! Por fin no tenía que inventarme nombres y números de teléfono para fardar con los colegas. Por lo demás la despedida terminó sin más, dejando abierta la posibilidad de quedar otra noche y dos besos en la mejilla de cada una, que supieron a victoria.
Se pueden imaginar aquella mañana, en el bus que me llevaba a la fábrica en Pomar de Dalt, mi cara de satisfacción mezclada con la falta de sueño y con el terrible resacón que llevaba de la cogorza de hacia un rato. Aquella mañana piqué dos veces la tarjeta bonobús de lo grande que me sentía. Luego me bajé de la B26 que iba a Can Ruti y paraba en la misma parada que tomaba cada mañana y tuve que andar desde la calle Tortosa hasta la parada de delante del Pabellón de la Penya y me monté en la B25 que era la que tenía que haber cogido en un principio y me dejaba en mi puesto de trabajo. Media hora tarde claro. Suerte que ya no tuve que pagar más. Un despiste fruto de lo antes mencionado…Por supuesto en el trabajo no me podía toser nadie. Ni el villano de mi jefe.
Las nenas en cuestión eran normalitas pero muy monas. Pero a mi me parecían hasta de buena familia. A mi, fruto de la desesperación, me daba igual la una que la otra y a mi compadre, el depredador, no hacia falta que le preguntase. Yo ya me veía un domingo por la tarde cualquiera con un brazo de gitano y una botella de cava del Pascual en casa de sus padres. Mostrando mi mejor virtud, que es conquistarme a las madres. Que felicidad!
Pues resulta que las gachonas eran de la “uni” y trabajaban bastante poco. Si mal no recuerdo vivían cerca la una de la otra en el barrio barcelonés de Grácia y entre sus aficiones estaba salir a bailar, comprar ropa, conocer gente, cocinar, el taller de pachword ir al cine y al teatro y estaban apuntadas a una docena de oeneges. A mi madre eso seguramente le parecería una maravilla pero a mi me importaba una mierda como el sombrero de un picador, yo para mis adentros deseaba que por el día fueran eso mismo, pero para por la noche quería que fueran unas ninfomanías! Unas guarras de esas de pelis porno que gritan y dicen marranadas. Es normal no? Recordad que estaba a dos velas.
La cosa es que pasaron los días y por hacerme el interesante no llamé antes, aunque las hubiera llamado solo llegar a casa el mismo día. Y para sorpresa mía y clímax total llamaron ellas. Me dijeron de ir a cenar los cuatro y después ir a tomar algo al mismo sitio de la Plaza Real. Aquello era pa flipar! No acabía en mi mismo!!! Como es normal fui corriendo a mi colega y le conté la cita que teníamos entre manos. Mi desesperación fue total. Cuando mi hermano de sangre, mi compadre, mi camarada de mil batallas me dice que con esas estrechas de mierda que nos sacaron media docena de cubatas a cada uno, no va ni a cagar. Que había quedado con una tuerta de Viladecans que era de bragica alegre. Ostia Abel que es mi oportunidad, hazte el rollo, hazme ese favor, venga tío, a ti que más te da, bla bla bla, bla bla bla. Y en esas que por mi persistencia y mis dotes de negociador, accede no sin antes hacedeme jurar que le financie toda la velada, le cante el himno del Sevilla versión Arrebato, que diga que el Betis es una mierda, reconozca que sabe hacer quinielas y otra condición más: que les gastemos una broma.
Para eso de las bromas siempre he tenido un sexto sentido. Las mejores son las que rozan lo políticamente correcto. Esas que están el límite del bien y del mal. Mi amigo es bastante brutote, por lo que me eché a temblar. Mi sorpresa fue que se trataba de un susto. Un sustillo que si lo hacíamos bien podía resultar una magnífica idea. Decidimos que cuando fuéramos a buscarlas a sus casas iríamos los dos, pero yo escondido debajo de una manta, entre los asientos de delante y de atrás. De manera que cuando recogiéramos a la primera parecería que estaban solos el verdugo de mi amigo y ella. Si preguntaba por el bulto sospechoso que había atrás en el suelo, podía dar cualquier escusa, la lona de tapar el coche, o cualquier cosa. Entonces la historia era que cuando fuésemos a buscar a la otra chica, Abel se bajaría del coche y cuando estuviese ella supuestamente sola en el coche, saldría yo gritando y zás, SORPRESA!!!!
La historia pintaba bien. El día anterior empecé a preparar la velada. Me compré una camisa nueva, a plazos, en Baseiria, la tienda de unos conocidos, que por otras razones que no vienen al caso pasarían a tomar parte importante en mi vida. El día de la cena, fuimos a comer mi lugarteniente y yo mismo, para preparar la hazaña de la noche, a lo de mi colega Andrés, en Alella. Nos pusimos como siempre hasta el culo. De primero calçots con salsa romesco casera y de segundo parrillada de carne con pimientos fritos, alcachofas, patatas fritas y mongetes. Pan tostado con all i oli. Pudding casero de la Bibi, y por supuesto docena y media de cervezas y dos botellas de vino, café dos copas y rosli. Casi ná! La ración estándar de una persona normal.
Empecé a acicalarme a las seis de la tarde. Primero solté lastre. Ducha caliente, Afeitado perfecto. Masaje facial con alter shave de la floid blue. Calcetines sin tomate. Calzoncillos de los más nuevos. Pantalón y camisa recién planchados y americana de piel de la época todavía a medio pagar en casa de los Baseiria.
Pasó el cabezón a buscarme a eso de las ocho para tomar unas birras antes de ir e irnos entonándonos. Y veinte minutos antes de la hora nos fuimos más contentos que unas pascuas en dirección al barrio de Gràcia. Una calle antes de llegar a casa de la primera niña, fue al azar, palabra, abarloamos el coche y me ubiqué en mi sencillo escondite. Cuando llegamos a su casa ya nos estaba esperando. Jovial, jocosa y contenta se subió al coche saludó efusivamente al ingeniero de la broma y preguntó por mi. Preguntó por mi al segundo de subir al coche!!!! Esta era mi chica. Abel le puso de excusa que no podía llegar antes y que nos veríamos directamente en el restaurante. Ojala y hubiera sido así. Durante el trayecto desde casa de la niña A, a la casa de la niña B, mi chica no paró de preguntarle a Abel cosas sobre mi persona, lo que me hizo empezar a dudar de si llevar a término la broma o abortar para no joder la cita, por que inocente de ella no sospechaba nada. A todo esto el cabrón de mi colega no podía contonerse la risa.
En aquel momento decidí tirar p´alante con dos cojones. El gancho para yo salir era cuando llegásemos a casa de la niña B, Abel se bajaría del vehículo para picar al timbre de la portería de la niña B y justo en ese momento y antes de que vinieran salir como alma que lleva el diablo de detrás de los asientos.
Oí la puerta del conductor como se abría; Oí como se cerraba y cuando estaba a punto de salir oigo el ruido del contacto del coche. Me quedé muy quieto. Sin respirar en aquel momento reinaba un silencio absoluto. Oía de muy lejos el murmullo de la calle. Dudé entre salir o no. Dudé en si me había descubierto. Y allí escondido cual conejo indefenso, inocente de la que me esperaba, oí y después degusté el peo más horroroso y feo que más jamás se han tirado en mi puta cara. Aquello era horroroso, que peste de cuesco. Hija de puta. Se había cagado en toda mi cara. Empezó a subir la temperatura, un sudor frío corría por mi cuerpo. Entonces oí el elevalunas eléctrico, la perra sabía muy bien lo que hacía. Sin el contacto las ventanas no se abren, lo cual me da que pensar que no era la primera vez que lo hacía la marrana. No se le había escapado. Lo disparó a conciencia. No contenta con tal desahogo, la dama cargó otra vez y se terminó de vaciar con un estruendo digno de la potencia de un cañón pero con la insistencia de una ametralladora a lo que al terminar dijo adornando el momento: “joder que peste; anda que estoy buena”
Evidentemente eso lo cambió todo. En ese momento yo estaba en coma profundo con respiración asistida, nunca mejor dicho. Deseaba la muerte. Como me podía pasar eso a mí. Me cago en todos sus muertos más frescos, que seguro que olían mejor que su repertorio de peos. Esa tía por dentro estaba muerta o a punto de pudrirse. Claro está que ya no hice nada. Paralizado por el terror o el gas tóxico que emanaba de su culo de mierda, me quedé allí con mi mente trabajando a duras penas para salir de aquella bochornosa situación. Pero no daba con ninguna solución.
Cuando el denso olor a muerte se fue escampando y pensé que podía ser un buen momento para salir, oigo a mi compadre Abel con su peculiar risa a través de la ventanilla que había bajado la puerca y pensé, ahora cuando entre la otra, salgo y que la cosa quede en nada. Pero los acontecimientos tomaron otros derroteros.
Abel que había perdido de vista el coche, venia loco por saber lo que había pasado. Ángel mío, si él lo hubiese vivido…Estaba loco por regresar al coche y preguntarle a la chica que tal el susto. Miren ustedes el zagalico es feliz haciendo estas travesuras. Y las primeras palabras que le dirigió a la china fueron: ¡A QUE TE HAS CAGADO EH?, HA QUE TE HAS CAGADO? HA QUE TE HAS CAGADO!!!
Por supuesto reventé, Imaginense ustedes. Se me escapó la risa a carcajadas y salí como un búfalo de mi escondite y en el susto que se llevó la sucia, volvió a tronar ese culo, que más que un culo parecía el demonio. Esta vez fue seco. Un ruido terrible. Parecido al que precede a la muerte. Fue increíble pero tan cierto como que estoy escribiendo esto. Las risas se fueron diluyendo cuando vimos que la chica había desaparecido sin más. Mientras nosotros nos carcajabeábamos su amiga solo que hacía que repetirle: “No me esperaba eso de ti, no me esperaba eso de ti” Pues anda que yo si que me lo iba esperar.
La cita como era de esperar después del incidente, por llamarlo de alguna manera, se fue a la mierda, nunca mejor dicho. A la otra chica se le quitaron las ganas de salir y a nosotros nos dio por ir a cenar solos y a tomar unas copas. Nunca más supimos de ninguna de las dos. Anularon hasta el número del móvil. No me extraña por cierto.
Recuerdo que nos pusimos agustico de gintonics y a todas las niñas les preguntábamos si en la espera de una cita, o en la soledad o en sus momentos de pensamientos más profundos o en la intimidad de su habitación se tiraban peos. Todas nos trataron de cerdos y marranos y ninguna reconoció el uso de esta necesidad fisiológica que todo el mundo, absolutamente todo el mundo, hace.
Tampoco esa noche me comí un colín.

3 comentarios:

A. Sánchez dijo...

Me he partío, tío, me he partío. No mésquiles, Sergio, esas cosas sólo pueden pasarte a tí. Las descompresiones de las chicas no pueden oler tan mal, hombre. Eso es que estabas tan nervioso, por lo que se avecinaba, que no te diste cuenta que te lo tiraste tú, pedazo de marrano. Bueno, pedazo, pedazo, no, que es un pedo muy grande, aunque, pensándolo bien viene al caso.

A ver si nos vamos enterando y te lo voy a decir en román ladino, que no paladino: 'El pishkado esta en la mar i tu ya lo estas friyendo'.

A propósito, que te estás reconvirtiendo en muy finodo, no es la mierda más grande que el sombrero de un picador, sino qu´el sombrero un picaoh

Anónimo dijo...

Amí ya me lo contaste hace tiempo, aunque siempre es grato recordarlo.
No se por qué, pero me hace acordarme un poco de cuando iva a pelar la pava.
Un beso.
Pd: recuerdos a la cagona¡¡

Francisco

monica dijo...

me he muerto de risa sergio, sobre todo del peo que te comiste... merecido... jajaja es que tienes unas ideas...